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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2005.

09/08/2005

exoticismos en la noche

20051102221817-mille-une-nuit.jpgMe gusta un restaurante de autoservicio vegetariano monográfico a base de falafel. Es uno de aquellos lugares en el que pagando un tanto fijo puedes llenar tu dispositivo almacenador -plato por ejemplo- de los alimentos expuestos tanto como quieras. Hay en este caso una particularidad: no hay plato. No nos referimos aquí a que una tenga que pasar por la línea del self e intentar por todos los medios llenar bolsillos, manos y boca antes de que la salida llegue al final del trayecto; hablamos de pan, y más concretamente, pan de pita: es aquí una bolsita de masa de harina cocida al horno que se llena de alimentos el dispositivo almacenador de turno. Este pan viene acompañado en su interior, por defecto y si lo pagas, de tres o quatro croquetas de falafel con un poco de lechuga. Una puede comérselo así, claro, pero la gracia está en rellenarlo de las decenas de ingredientes a disposición, y cuantos más, mejor; pero claro, el espacio que el pan pone a disposición es reducido y siempre hay algo que no cabe: la sensación de incompletud es recurrente. Ése es el gancho: perfeccionar tu bocado -unico- a lo largo del tiempo, combinar los elementos para conseguir tu receta exoticista ideal. Claro, hasta que te canses de las cremas de eneldo con ajo, del cilantro o del cuscús con menta. O hasta que alguien que estuvo en el restaurante te acuse de haberle robado el contenido de su bolso el dia anterior.

Ultimamente han añadido en la carta las patatas flamencas. Intentamos averiguar qué de flamenco tenian esas patatas, pero lo único que pudimos sonsacar de particular es que cuando hacías tu pedido, el mozo -argentino y simpaticón- se disponía a re-freir la medida de una ración para ti. Claro: "patatas flamencas" -pensamos- evidentemente buscamos lo exótico a fuera cuando en las Cataluñas somos la mar de así, no se refería a flamencas holandesas ni al folclore andaluz, sino al uso de la llama (la flama en catalán), flambeadas, dos veces para ser exactos. Dos veces bailoteadas, taconeando dentro de las piscinas de aceites hirviendo. Intentaba saborear una de estas en la calle, delante del restaurante, mientras esperaba que mi compañera saliera del baño; cuando unos ojos con pamela de entre el gentío me miraron. Respondí en la mirada: miré. Retiré. Siguiente jugada: vuelven a aparecer sus ojos, inquietantes. Me como una flamenca: quema aún. Vuelvo a responder: miro. Ahora anda con disimulo y dudando. Se para. Su mirada vuelve a sobrevolarme. Miro. Luego, no se porqué, me olvido.

Una de las dificultades a la hora de entrar en el rollo pita es la incomodidad si se pretende comer eso como un bocadillo, o sea, a mordiscos. Eso se convierte en un globo lleno de salsa que, al intentar hincar el diente, da la sensación de que vaya a explotar y a esparcer al mundo y a una misma con aromas lejanos. Precisamente unos aromas lejanos fueron los que se nos vinieron encima cuando esa mujer nos ametralló bajo una frase-ráfaga larguisima en inglés norteamericano, de mirada inquietante y dudosa. Por un momento pensamos que era una patata flamenca que se había tostado demasiado en el aceite, pero su acento nos sacó de dudas. La señora de la pamela inquietante preguntaba con insistencia si habíamos estado la noche anterior cenando en el reino del falafel; más que preguntar, de tanta insistencia, desaparecía el interrogante de su melodia y, directamente, afirmaba. Acorraladitas. Algo pasaba. Quizá era alguna crítica gastronómica resentida por las patatas, pero nosotras no somos quien las cocinamos.

Algo que ayuda a comer este plato (perdón, no plato sino pan) con agradecida comodidad es un simple y llano tenedor que permite ir picando ahora el pepinillo agridulce, la ensalada ensalsada, después los garbanzos o el brócoli (éste no he logrado saber como está cocinado) con una mano mientras sobre la otra reposa el plato, perdón, pan. El paisaje gustativo con el que nos vamos topando con el tenedor desde el inicio hasta el final es múltiple, va variando y sin repeticiones, no hay vuelta hacia los colores y texturas de la combinación de elementos del bocado inmediatamente anterior debido a la distribución vertical de los alimentos combinados en estratos particulares y arbitrariamente diferenciados. El fenómeno de la erosión alimentaria. Disposición y fenómeno que contrastan con la configuración del bocadillo peninsular a lo largo del cual los alimentos se distribuyen repartidos de una forma homogeneizada: todo está en todas partes.
Algo parecido al punto de no retorno que describe la erosión alimentaria es lo que puso encima de la mesa, o en el aire, la señora pamela: "I know you were in the restaurant yesterday night" y "You know who you are...". La segunda frase es la que empieza a mostrar lo aún no mostrado y es la que mas jiña, es la avanzadilla (cual explorador de Risk) del nudo argumental; como el momento justo antes del clímax, ahogado por la publicidad; aunque aquí solo había aire y tiempo entre frase y oración, y tensión inter-pelativa/pretativa.

La explosión inminente de la pita-falafel era un fenómeno recurrente hace algún tiempo por las calles contiguas. Eran usuales los avisos en forma de gritos de "pita-bloom!" justo en el momento que alguien apreciaba que otra iba a clavar con fuerza los incisivos sobre la superfície tíbia del pan. Llegados al punto de no retorno en el que la presión sentida dentro del globo de pan era demasiado fuerte como para que las concienzudas paredes de harina pudieran soportar tal estado, enormes líquidas lenguas de salsa amarillenta con olor a ajo y comino fluían de las ranuras despedidas radial y concéntricamente respecto al orígen, el capullo: la bolsa de pan. El paisaje semejaba un bello apocalipsis en el que instantánias consecutivas de flores amarillas dispersas por las calles definían esa gastronómica y accidental primavera. Lo exótico, una vez más aquí.

debe continuar...

CZL
09/08/2005 19:54 #. Tema: Relats Hay 2 comentarios.

11/08/2005

crónica del cercano occidente o el cuento de las lentejas

lenteja.jpgLo que sigue es un relato basado en una situación real y cercana, ocurrida en un piso cualquiera al occidente de CZL. El lugar en cuestión está habitado por casualidad por cuatro jóvenes. Cuatro personas convergen en un mismo espacio y de repente –por movimientos y lógicas debidas al azar y, en menor parte, por una decisión sobre el propio proyecto vital- empiezan a compartir con extraños lugares de intimidad, los andares de su cotidianeidad.

Aunque es ya de por si delirante iniciarse en las negociaciones que implican toda convivencia, a menudo este proceso sufre la acción de entes externos, quizá inanimados, quizá “puestos ahí” por los extraterrestres (que como ya sabeis son los culpables de todo aquello que no nos podemos explicar) que nos ponen una especie de prueba cósmica que debemos superar para elevarnos a otro estadio metafísico o simplemente para darnos cuenta en el que nos encontramos. En nuestro caso en anzuelo o el pretexto fueron las lentejas.

Una olla de agua con lentejas puesta al fuego cuando ninguna de las habitantes nos encontrábamos en casa, y la única que sabía de su existencia no tenía llaves para entrar al piso. Como somos precarias y por ahora nuestro santo patrón nos sirve de bien poco (sólo para provocar los debates patéticos que siguen el MayDay en IndymediaBcn), la opción de pagar los servicios de un cerrajero quedó descartada de inmediato. En lugar de esto, la portadora de la fuerza (PF) se puso la misión de localizar alguna de nosotras (N1, N2 y N3): no tenía porque ser imposible, al fin y al cabo se trataba de un lunes a las 22h.

Después de conseguir un móvil con covertura, saldo y con todo lo que hay que tener, PF contactó con N1, que se encontraba en la casa de una amiga en otra punta de Barcelona. La distancia y los horarios de los servicios públicos no lograron desanimarla, conseguiría un coche e iría hasta allí a por las llaves.

N1 estaba informada de la situación y se encontraba a la espera de PF, cuando de repente se sintió irremediablemente cansada y decidió acostarse. En seguida cayó en un sueño profundo, protegido –eso si- por la desconexión del móvil y la despreocupación acerca del estado de lentejas, fuegos y cocinas.

PF llegó al lugar y llamó hasta el cansancio al número “apagado o fuera de cobertura en este momento, inténtelo de nuevo más tarde”. Pero no podía esperar a más tarde, calculó que el agua de la olla ya se había evaporado, quizá ya se estaba derritiendo el metal, las lentejas no habría forma de salvarlas… lo importante es salvar la cocina. ¡Mierda! y evitar que N2 –dijo volvía un día de estos del viaje- entrara en casa y se encontrara todo el percal. Sobretodo evitar que entre en casa fumando y no llegue a oler el percal.(Una no sabe la gran cantidad de información que posee acerca de los accidentes domésticos –almacenada a lo largo de toda una vida de noticias locales- hasta que las lentejas se cruzan en su camino. De repente casas en llamas, cuerpos envueltos en bolsas de aluminio, vecinas “parecía un tipo de lo más normal”, manchas de sangre, los restos de un incendio…). Tenía que localizar N3, la habitante recién llegada a la casa, de la cual ni siquiera tenía el número.

Para ello tuvo que contactar con N3.1, habitante de la casa temporalmente fuera de la ciudad, que seguramente tendría en número de N3. Pero lo había perdido. Preocupado (en mente todas sus pertenencias que se encontraban aún en el piso), N3.1 llamó a un amigo: N3.2. Se organizaron, había que localizarla, pero no contestaba al móvil y por otra parte era absurdo, la olla se encontraba al fuego desde hacía tres horas y en el caso que N3 tuviera que desplazarse para llevar las llaves pasaría quizá media hora más, eso si contestaba algun día el maldito teléfono. Por fin un poco de lucidez. Era justificado llamar a los bomberos -¿por qué no? Al fin y al cabo todo podía explotar (incluido mi portátil, que horror!)-.

N3 miró el móvil: 17 llamadas perdidas, mensajes de vida o muerte. Supo que PF estaba esperando los bomberos -¿pero ves humo?, ¿recuerdas haber dejado las ventanas abiertas?, ¿el fuego bajo?, ¿la olla grande roja?, díles a los vecinos te dejen mirar de su ventana y me cuentas si hay humo, que mi habitación está al lado…;¿por qué has esperado tanto?-. Otra vez en juego el imaginario compartido de accidentes domésticos, el móvil de PF sin batería. N3 decide celebrar con sus amigas que no se encuentra en el piso durmiendo bajo peligro de muerte, tomar otra ralla de esa farla estupenda y esperar noticias.
“-Quizá sería cuestión de tirar para casa. -¿Para qué? Aquí estas segura. –Pues porque dentro de nada estará llena de bomberos jóvenes, que en verano seguro te mandan los de prácticas.”

Los bomberos habrieron la puerta con una radiografía. En la cocina estaba la olla intacta, las lentejas pasaditas, el fuego todavía encendido… y aquí no ha pasado nada. ¡Prueba superada! Aunque desde el episodio hay una vocecita molestona removiendo conciencias, preguntando hacerca de cómo vivimos, que responsabilidad tomamos en la convivencia, en el funcionamiento de la casa (que incluye las necesidades de las –como mínimo- cuatro vidas que ahí convergen): que vengan las lentejas y nos digan que nos necesitamos -¡después de todo el curro para devenir autosuficientes!- y no sólo eso sinó que además nos necesitan, ya es el colmo.
11/08/2005 20:58 #. Tema: Habitares Hay 2 comentarios.

12/08/2005

mi(s) servicio(s) a cambio de una cena: la pelu en casa

de picos, pelos y plumas
(dedicat a les amistats endecasílabes de rimes a-sonades)

yannet, piquito de oro
sin pelos en la(s) lengua(s)
de ocurrentes, controvertidas intervenciones
aunque vedette no es, ni de pluma fucsia.

yannet, piquito de oro
lamenta sin cesar
la rebeldía de su pelo pluma.
pero ¿quién osaría?
¿quien tocaría el material de tus alas?

sólo si volamos un ratito juntas, my darling.

(què tal dilluns al vespre?)
12/08/2005 01:10 #. Hay 4 comentarios.

26/08/2005

ANTARCTIC DOLLY-BIRDS...

penguins.jpgContinua la ofensiva pingüinera... Y, sí, segur que ben a prop vostre hi ha algún pingüí i heu de saber que potser només "pa revolver"...

Pick up a penguin
(Informa la BBC)

Penguins are turning to prostitution. But instead of doing it for money, Antarctic dolly-birds are turning tricks to get rocks off their menfolk.

Stones are essential for penguins to build their nests. A shortage has led to the unorthodox tactics.

"Stones are the valuable currency in penguin terms," said Dr Fiona Hunter, a researcher in the Zoology Department at Cambridge University, who has spent five years observing the birds' mating patterns.

Prostitution is described as the world's oldest profession. But Dr Hunter is convinced it is the first time it has been seen in animals.

Penguin partners

All of the female penguins Dr Hunter observed trading sex for stones had partners.

Penguins stick to the same mate, she said, but none of the males twigged what was happening.

"There was no suspicion on the part of the males. Females quite often go off on their own to collect stones, so as far as the males are concerned there is no reason to suspect."

She added: "It tends to be females targeting single males, otherwise the partner female would beat the intruder up."

Dr Hunter and Dr Lloyd Davis of the University of Otago watched the penguins at work on Ross Island, about 800 miles from the South Pole as part of a Antarctica New Zealand programme.

Tricking their prey

On some occasions the prostitute penguins trick the males. They carry out the elaborate courtship ritual, which usually leads to mating. Having bagged their stone, they would then run off.

"The courtship display is a head-bowing display," Dr Hunter said. "It usually starts with the male, who bows his head and looks out the corner of his eye." She said she does not think the female penguins are doing it just for the stones.

"The female only takes one or two stones," she said. "It takes hundreds to build the nest to get their eggs off the ground.

"I think what they are doing is having copulation for another reason and just taking the stones as well. We don't know exactly why, but they are using the males."

She said the female penguins could also be testing potential future mates, in case their existing partner died before the next mating period. The single male penguins appeared to have only their own pleasure as a motive. The action takes place during a three-week mating period starting in late October. The most stones Dr Hunter saw a single female taking was 62, although she said she suspects her final total was higher. The number of prostitute penguins is quite low, she said.

"It's probably only a few percent," she said. "I was watching opportunistically, so I can't give an exact figure of how common it really is."

Other animals have been seen trading food for sexual favours but only within a partnership."
26/08/2005 17:10 #. No hay comentarios. Comentar.




“Se trata de pensar al sexo sin la ley y al poder sin el rey" MICHEL FOUCAULT

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